La Santidad de la Vida
 
La vida comienza con un acto de Dios. En el momento que el espermatozoide del padre y el óvulo de la madre se unen Dios le da la vida y un nuevo ser humano empieza su existencia. Desde la fecundación cada embrión es una persona física y espiritual que necesita protección y cuidado. El tamaño y la forma no importan, cada ser humano tiene valor porque lleva la imagen de Dios y es creado directamente por Dios.

* Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Génesis 1:26-27
* Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo y no nosotros a nosotros mismos. Salmo 100:3
 

Desde este principio tan minúsculo, el desarrollo es increíblemente rápido. ¡A cuatro semanas, cuando la mujer recién se da cuenta que está embarazada, su bebé ya tiene manos y pies, ojos, una columna vertebral, un cerebro formándose y un corazón latiendo!

* Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre. Isaías 44:24
* Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado y entretejido… mi embrión vieron tus ojos… Salmo 139: 13-16


Los cristianos siempre han creído la santidad de la vida humana desde la concepción y el inmenso valor de cada humano, nacido o prenacido, creado a imagen de Dios. ¡Nos unimos a protegerla!

Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras. Salmo 139: 14