La
Biblia los llama “cosa de estima.” Los
hijos no son cargas. ¡Cuán lejos ha llegado
la cultura hoy en día que considera a los hijos
como una carga y el embarazo como una maldición!
Aún la persona casada con dos hijos muchas veces
ve a un hijo más como algo costoso, trabajoso,
molestoso, y no deseado. Dios no da hijos a personas
para castigarlas o para que sean una carga. Los niñitos
traen más al mundo que estómagos y bocas
para llenar. Traen manos y cerebros, la potencial de
trabajo y la solución de problemas. Personas no
producen pobreza; personas producen riquezas.
El
bueno, rico fruto no crece por casualidad. Hay que
cultivarlo, regarlo, protegerlo, y podarlo. La
metáfora de los hijos como fruto da la idea que
la crianza de hijos demanda tiempo y esfuerzo, cuidado
y nutrimento. Requiere atención en vez de negligencia;
interés en ellos en vez de irritación.
La única cosa que crece bien sin atención
es la mala hierba… y así saldrán
nuestros hijos si no invertimos tiempo y esfuerzo en
su crianza. Cómo el fruto es la recompensa al
agricultor, así los hijos son recompensas a los
padres que inviertan en sus vidas.
Dios
les de vida a los bebés y atiende
su crecimiento por nueve meses en útero, y después
como tiernas “plantas de olivo” los transplanta
a nuestro hogar para la crianza. Ya es nuestra la responsabilidad
de atenderlos, cultivarlos, amarlos, y criarlos.
Qué Dios le bendiga en esta obra
de suma importancia. Los consejeros en el Centro Pre-Natal
Vida Nueva además de ayudar a mujeres enfrentando
embarazos en crisis, también están preparados
para aconsejarle en cuanto al matrimonio y la familia.
Herencia de Jehová son los hijos, cosa de estima
el fruto del vientre. Tus hijos como plantas de olivo
alrededor de tu mesa.
Así será bendecido
el hombre que teme a Jehová. Salmo 127:3;
128:3,4